viernes, 13 de febrero de 2009

EL DIOS DE LA LLUVIA LLORA SOBRE UN PAIS "MODERNO"

Hace algún tiempo, en una de mis incursiones por la Red, topé con un escrito que una señora – su nombre no figuraba – había dirigido a un notable locutor de radio, cuyo nombre no hace al caso, con el ruego de que fuese leída en directo. Lo que verdaderamente resulta interesante es el contenido de la misma, o parte de él, y aquí está:
“Desde que la insignias se llaman pins, los homosexuales gays, las comidas frías lunch y los repartos de cine castings, este país ya no es el de antes. Ahora es mucho, muchísimo más moderno. Antaño los niños leian colorines o tebeos en vez de comics, los estudiantes pegaban carteles y no posters, los ermpresarios hacia negocios y no business, y los obreros, a la hora del papeo, sacaban las tarteras en vez de los tupper-wares.
Yo en el colegio, tonta de mi, hice aerobic creyendo que hacia gimnasia. Nadies es realemente “moderno” si no suelta unos cuantos palabrós en inglés. Las cosas, en otros idiomas, no suenan mucho mejor al pijo ignaro de turno.. Evidentemente, no es lo mismo decir panceta que decir bacon, aunque tengan la misma grasa y procedan de la misma parte del cochino, o pork. Tampoco es lo mismo decir vestíbulo que hall ni inconveniente que handicap.
Desde ese punto de vista, los españoles somos modernísimos. Ya no decimos bizcocho sino plum-cake, ni tenemos sentimientos sino feelings. Sacamos tickets, compramos compacts, comemos sándwiches, hacemos camping, puenting y trecking y cuando hace frío nos limpiamos las narices con kleenex. Estos cambios en el lenguaje han mejorado mucho nuestro aspecto y mudado nuestras costumbres. Las mujeres ya no usan medias sino panties y los hombres slips en vez de calzoncillos. Después del afeitado ya no se ponen tónico facial sino alter-shave, que parece ser que deja la cara mucho más fresca, lo cual, en algunos que yo me sé, resulta algo casi imposible.
Correr es de cobardes, dicen los valientes de turno, por eso ya no se corre, se hace footing. Ya no se hacen cursillos de mejora sino masters y cada vez resulta más difícil, no ya aparcar, sino encontrar un parking. La mercadotecnia ahora es marketing y el autoservicio es self-service” Hasta aquí lo expresado en la carta de la dama en cuestión, que es mucho mas larga y pródiga en ejemplos, pero vaya todo en aras de no aburrir al lector con excesivas prolijidades.
Queda, pues, una buena porriada de palabrejas anglosajonas que, por mor de la interculturización tan en boga, que no pasa de ser una soberana memez, se han ido aposentando en nuestro idioma hasta el punto de que si Cervantes, Lope de Vega, Pérez Galdós o J.L. Borges levantaran la cabeza se llevarían el cabreo del siglo y nos correrían a gorrazos por toda la geografía hispano parlante – o lo qué vaya quedando de ella después de las pretensiones de los carodes, los ibarreches o los touriños de turno, dicho todo ellos sin ánimo de ofender, aunque a veces las verdades duelan. Y es que el papanatismo va ganando adeptos a marchas forzadas y el país se moderniza hasta extremos insospechados. La prueba está en que puestos a emular al Imperio, como paradigma de lo mas cool, no solo hemos caído en la estela de una crisis mundial galopante, sino que hemos ascendido, por méritos propios, hasta puestos de cabecera en la misma. Y eso que nuestros conspicuos preguntábanse, no ha mucho, aquello de ¿Crisis? ¿What crisis?

martes, 10 de febrero de 2009

Probablemente no... o si

El adverbio probablemente antepuesto a cualquier premisa la hace caer en el pozo de la incertidumbre al eliminar aquel cualquier posibilidad de certeza en ésta.Afirmar que probablemente lloverá solo quiere decir que puede que lo haga o puede que no. No hay ninguna certeza acerca del hecho de que tal meteoro se produzca. El adjetivo en cuestión deriva de probabilidad, concepto muy usado en la matemática combinatoria y en procesos aleatorios, y se define como la razón entre el número de casos favorables y el número de casos posibles.
Desde hace poco tiempo, algunos autobuses londinenses circulan llevando en sus costados la siguiente proclama: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Como verán, y aparte de las connotaciones ateísticas, dicha frase induce – en presunta ausencia de la Divinidad - a un hedonismo más o menos descarado, dejando de lado las cosas transcendentes de la vida. Vaya opinión por opinión, en un toma y daca equitativo.
Esta nueva moda, influida, sin duda, por las opiniones y escritos del filósofo ingles y ateo furibundo, Richard Dawkins, y otros de su clase, no solo circula por la capital británica. También ha sido plagiada en algunos autobuses de Barcelona y Madrid. Ello me recuerda una frase cuyo autor se me escapa: La ciencia y el saber no difíciles de transmitir, en cambio, las malas mañas se pegan más que la tiña. Dicho sea sin ánimo de ofensa, y allá cada cual.
Si tan seguros están estos librepensadores de la bondad de sus planteamientos escatológicos –a los que, por supuesto, tienen todo el derecho del mundo ¿por que no han recurrido a una afirmación taxativa y si al posibilismo? No parecen estar tan seguros de sus criterios, lo cual tampoco es de extrañar. El uso del “posiblemente” coloca las apuestas, recurriendo a un símil prosaico, pero certero, en 1 a 1. Tanto vale el si como el no, pero tratándose de una cuestión trascendente, perteneciente al campo de la fe, ni siquiera el prosaísmo racional tiene cabida. Cabe decir, por tanto, y en oposición al lema guagüero, probablemente Dios no exista… o probablemente sí. En todo caso, no creo que esa poco probable probabilidad tenga influencia directa y decisiva en la bondad de la vida para nadie. Es mas, me inclino a pensar que la probabilidad opuesta si que la tiene. Decía el escritor – y católico – inglés G. K. Chesterton. Cuando las personas dejan de creer en Dios, acaban creyendo en cualquier cosa.
P.D. Si creo en Dios y existe, ya gané. Si creo en Él y no existe, no pierdo nada. (Blaise Pascal)

sábado, 7 de febrero de 2009

EL AGUA, RIQUEZA DEL FUTURO

Tal vez no ocurra en la presente década; o en los próximos quince o veinte años. Tal vez tengan que pasar varios lustros, pero su llegada es inevitable, y su presencia catastrófica, salvo que se adopten medidas extremas contra su advenimiento, si es que aun es tiempo. Me estoy refiriendo a la desertización de buena parte del plantea, maléfica lotería para la cual nuestro país, y mas concretamente nuestro archipiélago, tienen adquiridos bastantes décimos.
Hoy por hoy, la pauta de la economía y el desarrollo industrial del mundo la marca el fluir del petróleo y sus avatares bursátiles, pero llegará, al decir de no pocos científicos y expertos en medio ambiente, el día en que el oro negro cederá su puesto a la humilde y sencilla molécula compuesta de oxigeno e hidrogeno, sin la cual no es posible la vida en nuestro entorno. Y me refiero no solo a nuestro planeta sino a un ámbito de incontables millones de kilómetros, incluso años-luz, de diámetro.
En un futuro no bien definido aun, el agua será la sustancia mas afanosamente buscada y su posesión en mayor o menor abundancia será la pauta de separación entre países ricos y países pobres. De hecho, ya lo está siendo en bastantes lugares de la Tierra.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señala la desertización como un fenómeno de degradación de la Tierra en zonas áridas, semiáridas y sub-húmedas secas, derivado de los efectos negativos de actividades humanas. Por este fenómeno desaparecen cada año del orden de seis millones de hectáreas de tierras productivas con pérdidas millonarias por la decreciente productividad agrícola, que es la base primordial de la alimentación humana, no importa cual sea el nivel de riqueza de las distintas comunidades.
El estrepitoso fracaso del Protocolo de Kyoto y similares y el incremento de tamaño del agujero de ozono de la Antártida, ya del tamaño de Europa según las últimas estimaciones, son dos factores que contribuyen grandemente al incremento del fenómeno en cuestión, y no parece que los dirigentes del G-8, que engloba a los países mas ricos del mundo, estén por la labor de paliar el avance de los secarrales. El agua escaseará cada vez más y no será infrecuente que futuros conflictos bélicos estén generados a causa de tan vital elemento. Tal vez el futuro nos alcance mucho antes de lo que esperamos… y perdón por el exceso de optimismo.