La monolítica estructura orgánica del aparato socialista, cuya democracia interna había venido brillando por su ausencia, quedo seriamente resquebrajada. La argamasa anquilosante de un organigrama afectado de severa calcificación y del culto a la personalidad del “number one” salto hecha añicos.
La fuerza capaz de conmover las murallas del Jericó de los cien años de honradez – y catorce mas de corrupción – esta encarnada en la persona de un ex-ministro de la etapa anterior, dotado de un mas que notable bagaje intelectual y de una cierta fama de jacobino: el mencionado candidato Borrell.
De primera entrada, que diría el otro, arrambló con el 51,75% de los votos emitidos – mayoría esta que ya quisieran para sí cualquier partido en las generales. Este resultado temo que haya desarbolado las pretensiones del teledirigido secretario general y orondo experto en asunto chiapanecos, que se las prometía muy felices. , lo cual demuestra que cuando se abren las esclusas del bunquer partidista a la opinión democrática de las bases, lo más probable es que la marejada arrastre a algún que otro “aparatchik” por los imbornales..... afortunadamente. Ajuste de cuentas lo llaman a eso, creo.
Nuevas e interesantes perceptivas se abren en el horizonte del lánguido socialismo, sombra de oposición del aznarismo. La presencia de esta especie de candidato rompehielos es capaz de fragmentar la solidez de la costra felipista, que posee dos cualidades muy a tener en cuenta: su sola presencia es suficiente para poner nervioso al trincón nacionalismo que padecemos y no es santo de la devoción del honorable Puchol, lo cual ya es un punto muy a su favor.
¿Se imaginan Uds. a los pedigüeños de barretina, chistu, gaita y otros adminículos acudiendo a poner el cazo a la Moncloa y encontrándose con un Borrell que mira hacia otra parte?. Menudo espectáculo.
En todo caso, una nueva opción queda abierta. A ver que pasa. Por mi parte, permaneceré atento a la pantalla a la vez que dedico un cariñoso recuerdo a la memoria de Lola Flores, que no tuvo el privilegio de pertenecer al grupo de los 200.000 millones que se volatilizaron en el fragor del felipato.
Claro que siempre les queda la posibilidad de achacar la culpa de todo a una tremebunda “conspiración” procedente de la eñe pequeña.