miércoles, 16 de septiembre de 2009
Willi, el manipulador
Desde que un personaje muy peculiar; vitalista, hiperactivo, gran hierofante y maestro del normal agit-prop y la mistificación política, Willi Münzenberg, allá por la década del 20 del pasado siglo diese forma al Komintern y su denso aparato propagandístico, su poder de penetración en los diversos estratos sociales de Occidente – e incluso, del resto del mundo – así como su poder de seducción y abducción mental, probaron ser los más eficaces que el mundo había conocido hasta entonces. Incluso hoy día sus secuelas continúan muy arraigadas en no pocos espíritus, refractarios al darwinismo en lo tocante al aspecto político. Por cierto, a estos epígonos, el propio Lenin los llamaba los “tontos útiles”: No resulta muy difícil entrever en qué modo y manera fueron- y siguen siendo – de tal condición neuronal.Bajo la dirección de Willi, La Komintern se convirtió en la primer empresa “multimedia” de la Historia. Fue el creador de la figura de la agencia de noticias. Poseía decenas de periódicos, revistas, editoriales, emisoras de radio y productoras de cine, encaminadas a la creación y difusión del tipo de mensajes que interesaban entonces al camarada Yosif Vissarionovich. Ni siquiera el gran maestro de la superchería letal como fue su tocayo Joseph Goebbels, ya saben: aquel que dijo que “una mentira repetida mil veces acaba siendo verdad” ¿De qué me sonaran a mi esta frase, hoy día? Pudo superar su obra en el campo de la embaucación y lobotomización de masas. Precisamente, a quienes se engancharon de buen grado al carro de sus ideas e intenciones, tal vez por puro mimetismo intelectual: actores, periodistas, escritores, cineastas, científicos y otros intelectuales, Willi los calificaba en privado como “el club de los inocentes”.Fue Willi quien concibió, expuso en Moscú y saco adelante la idea de la creación y envío a España, ya en plena guerra incivil, de las Brigadas Internacionales, en apoyo de la II República. Pero, por desgracia, las cosas se fueron precipitando para Willi, alemán de nacimiento, en la escena europea. Primero fueron los juicios-purga de Moscú, de 1936 a 1939, en los que el “padrecito” Stalin se deshizo de la inmensa mayoría de los camaradas que le habían aupado al poder. Luego vino el pacto de no agresión germano-soviético de agosto del 39, a tan solo días de la invasión de Polonia por ambas potencias firmantes, que significó el comienzo de la II G.M. Este pacto creó una verdadera debacle entre los fieles y perplejos camaradas de la Europa occidental, pero tragaron el sapo y se avinieron a dicho pacto… al menos hasta junio de 1941. El resultado es que Willi, traicionado por un amigo y estrecho colaborador, Otto Katz,acabó siendo un fugitivo a través de los campos y bosque de Francia, seguido muy de cerca por los sabuesos del Kremlin. Acabó ahorcado en un árbol cualquiera de un ignoto bosque de aquel país, a comienzos de la guerra. Pero su obra perdura. Existe y ha existido un evidente desequilibrio en la información de las gentes, al que no resulta ajeno lo anteriormente expuesto. Veamos, por ejemplo, algunas palabras con un notable arraigo en el imaginario público, constituyendo casi, casi tópicos: Hitler, Himmler, Gestapo, Holocausto – en hebreo, Shoah – Auschwitz, Mauthausen o Waffen-SS. Otras, por el contrario, han sido cuidadosamente desviadas de la opinión pública mediante mil y un ardides e intoxicaciones informativas, y que son del conocimiento de un escaso porcentaje de gente de no muy fácil manipulación. Que levanten la mano quienes han oído hablar o saben algo de, por ejemplo, Félix Dzerzhinsky, Bela Kun, Vishinski, Yagoda,Yejov, Lubianka, la Cheka y sus epígonos de la zona republicana y, sobre todo, de dos lugares siniestros para millones de personas: Vorkuta y Kolimá. Ni unos ni otros; ni la gauche divine ni la derechona montaraz, ambas jacobinas hasta las cachas, tienen nada que echarse en cara, más bien deberían callar por vergüenza, puesto que sus respectivas infamias corrieron parejas, en abominable competencia.
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